
La Moraña languidece en el eterno soniquete de una espiral que, con esmerada pulcritud, marca el ritmo de las horas y de las estaciones, el automatismo con que el farolero de “El Principito” enciende y apaga, enciende y apaga. Una absurda rutina de la que no sabe, no quiere salir; una inercia que sugiere el abandono y la orfandad de quien no espera ningún milagro de la primavera.
Así, en este paradójico conformismo, se recrea sin más perspectiva que un día a día que ni por asomo sugiere un acercamiento al manido Carpe diem.

Madruga la mujer morañega para barrer la puerta, como ayer, como la semana pasada, como el siglo pasado. Y luego hace las hazanas, “porque siempre se ha hecho así”. Retruena entonces un silencio interminable en el que puedes recorrer el pueblo sin encontrarte con nadie; silencio que rompen la panadera o el pescadero, momento para enjuiciar el tiempo que hace, el que hizo y el que va a hacer.
Si es domingo y toca el cura las campanas desgarran el silencio y durante una hora, ataviados con los guapos, conviven los pocos vecinos que se han atrevido, o no tenían otra opción, a ser parte de este paisaje cada vez más sombrío.
Los pueblos importantes, más por la historia sobrevenida, presumen de mayor actividad; un trampantojo que distrae mientras el campo se abandona, la industria es una entelequia y las gentes se entretienen en una querencia al desánimo que se ha asentado durante décadas. Por suerte, los jóvenes han decidido no participar de esta inmanencia en la espera sin esperanza. Y es un artificio, digo, porque son ocurrencias sin mañana y a mayor gloria de unos cuantos egos que, chequera mediante, pretenden que creamos que la solución al vaciado de los pueblos es relatar simplezas desde un atril. Cobrando, repito.
¿Dónde están los niños que cruzaban la plaza con sus risas y juegos cuando iban a la escuela? Sabiendo que el médico viene los jueves puedes programar tu catarro para el miércoles, es una ventaja. ¿Por qué está cerrado el único lugar de reunión donde se podía tomar un café y echar un tute? Y así, un aldabonazo tras otro armoniza el Requiem irremediable que ya se escucha en estos pequeños rincones donde nada pasa sino las horas.
Algunas migajas de la capital y otras de no sé qué comunidad vienen de cuando en vez a surtir un falso efecto RCP que les da aliento para unos días más, quizá unos meses. ¡Viva el señor gobernador! Este no vivir de la justicia sino de la caridad es el mejor ejemplo de indiferencia por parte de quienes no dejan de pregonar programas sin programa, proyectos sin proyección.
Salir a barrer la puerta de mañana y darse los buenos días es la contraseña de que están vivos, un suspiro que invita a transitar por el día con la convicción de que aún hay alguien. Hasta que un día alguien falta a la rutina. Y otro día.
Mientras una parte del mundo reclama una muerte digna o se encomienda al Cristo de la Buena Muerte, otra parte clama por una vida digna.
¿Apuestan por el mundo rural? Pues están perdiendo la apuesta. Pero no se preocupen que hay un telé- (lejos)-fono al que llamar, también disfrutan de tele- (lejos)-asistencia; hacemos jornadas de sensibilización y nos preocupan la vertebración, la cohesión y la repoblación del territorio.
Antes en los pueblos se moría en soledad; ahora, también, se muere de soledad.
Javier S. Sánchez
Escritor
Nota de la redacción: Se puede ampliar esta perspectiva sobre la muerte lenta de los pueblos morañiegos por la inacción de los poderes públicos, extensible a muchísimos otros pueblos de los más de 2.2200 municipios de Castilla y León, del escritor abulense Javier S. Sánchez con el artículo del también escritor y divulgador científico Luis J. Martín García-Sancho sobre La Moraña publicado en Revista Digital de Castilla y León el viernes 1 de mayo de 2020: Demografía histórica de La Moraña y Tierra de Arévalo.
Igualmente, hemos ilustrado el artículo del mencionado escritor con una canción zamorana del folklore popular y tradicional: El bolero de Algobre que hace referencia a la vida cotidiana de las calles de los pueblos que daba lugar, entre otras cosas, a flirteos, ligues o amoríos