La carta de Sánchez

“¡Cuán gritan esos malditos!”.

Así comienza la obra teatral “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. Y añade el de Valladolid: “¡Pero mal rayo me parta / si en concluyendo la carta / no pagan caros sus gritos!”.

Desde antes de que Pedro Sánchez fuera presidente, mucho antes, quizás antes de que sus padres fueran novios, ya había gritones que de esquina en esquina pregonaban sombras, tachas y manquedades que, como profetas, aventuraban en la figura del futuro gobernante.

Poco se habla de su doctorado en economía y un currículum que para sí quisieran, o no, por el esfuerzo que conlleva, muchos políticos cuyo único mérito para acceder a un cargo fue tener dieciocho años.

Es significativo cómo se obvia el camino que hubo de recorrer para abandonar como Secretario General del PSOE (2016), y retomar el cargo en 2017. No le faltaron críticos dentro del partido: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. (Juan,1:11).

Fuera por su tozudez o por esa resiliencia que siempre ha demostrado, apostó todo a una carta postulándose como futuro presidente de gobierno. Muchos desconfiaron mientras los voceros se desgañitaban, -se venden más periodistas que periódicos-, intentando desacreditar a tan descarado líder. El caso es que esa carta desconocida le sirvió para ganar un órdago que casi nadie vio venir.

Lidiar con una pandemia, el despertar de un volcán, una DANA y un sinfín de adversidades puso a prueba su capacidad de gestionar cuando nuestra memoria aún recuerda cómo se gestionaban las crisis no hace tanto tiempo; y también un talante a prueba de improperios allá por donde iba, fruto de mentes que no soportan el diálogo y a quienes la democracia de las formas y los fondos les viene grande.

Por suerte, frente a las personas que adolecen de presbicia cegados por el fanatismo, en la “lejanía” de Europa en particular y en el mundo en general, se le ha respetado y admirado como corresponde a un líder valiente. Sus decisiones, siempre criticadas en caliente por la España cainita, han venido a ser secundadas y bendecidas por líderes de numerosos países: aranceles, OTAN, China, virus… El tiempo, juez inapelable, da y quita razones.

Tras una larguísima travesía por el desierto que le llevó a replantearse su continuidad, con la mofa consabida de aquellos que nunca abandonan el ridículo, ha resurgido de sus propias dudas y se muestra otra vez voluntarioso, perseverante e impenitente al punto de volver a postularse como presidente para la próxima legislatura. Esto enardece aún más a las hordas insultadoras, a los infatigables columnistas que día sí y día también tratan de mancillar su nombre y a una oposición que está más cerca de destrozar el mobiliario del Congreso que de alcanzar en altura al Presidente del Gobierno de España.

Aún sufriremos un año más de bulos, de ultrajes y groserías, que no de propuestas, hasta que se abran las urnas en 2027. Y el pueblo, que sabe quién le saca las castañas del fuego mientras otros vociferan, insultan y patalean a cien mil por año, recordará que Pedro Sánchez tiene una carta que solo él conoce. Y que esa carta qué hábilmente está jugando y que pone a la derecha frente a sí misma en los diferentes comicios, será la que gane la partida. Al tiempo. Guarden este artículo.

Javier S. Sánchez

Escritor

Scroll al inicio