A la legua: «multiplicarás las fiestas»

No consta que Moisés bajando del Sinaí extraviara algún mandamiento o que, por no considerarlo adecuado, le metiera típex al undécimo.

Llega julio y esos presupuestos que no alcanzan para el agua nuestra de cada día se desmadran de tal modo que dedican buena parte de sus cifras a toros y verbenas. Parques, limpieza y otras menudencias pueden esperar.

Parafraseando a don Sebastián en La verbena de la Paloma, «los tiempos cambian, que es una barbaridad», de tal modo que las fiestas cada vez se santifican menos y se multiplican más. Así proliferan los bautizos civiles —desconozco de qué río toman el agua—, las comuniones civiles —no sé si de marineros o de novias— y las bodas civiles, donde La marcha nupcial de Mendelssohn puede sonar junto a un tema rapero. Para gustos, los horrores.

Estas, las bodas de uno y otro lado del credo, tienen sus despedidas de soltero y soltera, sus prebodas para recibir a los invitados, celebrar con los más allegados y, de paso, ir congeniando con el fotógrafo. Cuando finaliza la boda propiamente dicha, todo consumido y consumado, tiene lugar la postboda, donde se aprovecha para esa foto olvidada y recontar beneficios.

En otro ámbito, también de mesa y mantel, las sobremesas se entretienen lo suficiente para llegar a punto a la hora del tardeo (tarde y tapeo), idea que nació en el Albacete de los noventa. No olvidemos que Amanece, que no es poco se rodó en esta provincia, siendo su director natural de la propia capital. Todo son genialidades en esta Mancha emancipada de Murcia.

Ahora las ferias vienen con preferias, las cenas con recenas, y lo que venía siendo el «cierrabares» con after o after party; en la lengua de Shakespeare las palabras tienen más buqué.

Con el fin de año se acumulan de tal modo las celebraciones que acaban solapándose sin dejar respiro para digerir el turrón. La Nochebuena va precedida de la tardebuena, la Nochevieja de la tardevieja, las campanadas de las precampanadas y las uvas de las preuvas. Que, ya puestos y con la correspondiente deferencia hacia los canarios, puedes embucharte tres docenas del fruto de Baco.

Mientras tanto, y en el ecuador de esta añada, ya están los morañegos sacando los «guapos» del baúl para honrar a patrones y patronas o, simplemente, para acompañarse en unas ferias y fiestas creadas ad hoc porque en verano hay más ocio y también más negocio, valga la paradoja. Las peñas ya han encargado sus uniformes —pocas cosas unen más que los símbolos— y han recuperado sus cánticos —pocas cosas solemnizan más que los himnos—.

Son precisamente estos períodos vacacionales y concretamente los días festivos los que despiertan a los pueblos de su hibernación, llenándolos de gentes y algarabía que recuerdan tiempos mejores, no por pasados como sugería Manrique.

Tiempo para el reencuentro, celebrando un mandamiento jamás escrito, pero que cumplimos con generosa estrictez por más que el calendario luzca cada vez más en rojo. Escuchemos al profeta Isaías quien, plagiado por san Pablo y también por Juan del Encina, pero menos, no dejaba margen al dilema: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos». Bien podría haber añadido: disfrutemos de la prejubilación, de la jubilación y, como propuesta de eufemismo, de la postjubilación.

Javier S. Sánchez

Escritor

Imagen: Ayuntamiento de Fontiveros

Scroll al inicio