

Como apunté en mi primera colaboración para la Revista Castilla y León, titulada Castilla y León, el paraíso cercano, hay en la comunidad autónoma un sinfín de rincones, o mejor dicho, de “conjuntos de rincones”, que hacen que un viaje de varios días de duración, un viaje de fin de semana o incluso una excursión desde Madrid —o desde cualquier otra provincia cercana— termine constituyendo una experiencia que depara más sorpresas —positivas— de las que inicialmente podemos imaginar. Uno de esos “conjuntos de rincones” se encuentra en la Comarca Nordeste de Segovia. Comencemos con los lugares más conocidos de la comarca, para después ir descubriendo otros más alejados de los circuitos convencionales y de las habladurías populares.
Uno de los mejores puntos de partida (y centros de operaciones, pues se encuentra a situación equidistante del resto de lugares de interés que aquí se van a exponer) es el pueblo de Ayllón, que suele sorprender al visitante con su imponente castillo (también conocido como Torre de la Martina por ser este el elemento que mejor se conserva) que además constituye un excelente mirador sobre el conjunto del pueblo, con su encantadora y coqueta plaza mayor porticada (en la que confluyen las iglesias de San Miguel y de Santa María la Mayor, el Ayuntamiento y varios restaurantes en los que se puede disfrutar de exquisita gastronomía castellana en la que destacan los judiones, el cordero y el cochinillo), con la muralla de la que aún se conservan algunas puertas y con un agradable paseo junto al río Aguisejo.
No menos conocido que Ayllón es Riaza, con una Plaza Mayor que además de su belleza ofrece la peculiaridad de mantener su aspecto —y su función— de coso taurino (como demuestra el mantenimiento de una elipse de tierra acompañada de unas gradas) y, como en el caso de Ayllón, cuenta con la presencia del Ayuntamiento y de varios restaurantes que esperan al visitante bajo los soportales. La Iglesia de Nuestra Señora del Manto se encuentra a solo unos pocos pasos de la plaza, y merece la pena recorrer las calles, aún del casco antiguo, que permiten ir de la plaza al enorme parque que se ubica justamente donde termina la parte antigua del pueblo (en realidad se trata de dos parques unidos, el Parque Público El Rasero y el Campo de Fútbol del Parque). Para los amantes del ferrocarril, puede ser interesante visitar la antigua estación de tren de la localidad, situada a las afueras.

Algo más al norte que Ayllón —aunque más cerca de la Autovía A1— se ubica Maderuelo, una auténtica joya medieval aún desconocida por muchas personas incluso amantes de los viajes y que, más que un pueblo, bien podría decirse que es un museo al aire libre. Porque piezas de un museo parecen ser cada una de las iglesias, elementos amurallados, puertas, arcos e incluso viviendas que se encuentran en el casco histórico (destacan especialmente el castillo y la Iglesia de Santa María del Castillo). Por si el propio pueblo tuviera pocos atractivos, este se ubica en un promontorio desde el que hay excelentes vistas del Embalse de Linares del Arroyo, que cruzan dos puentes, uno antiguo de origen románico que se encuentra parcialmente sumergido durante la mayor parte del año, y otro moderno (ambos pueden ser perfectamente observados desde la excelente atalaya que constituye el Mirador de los Maritos, que está en el propio pueblo). A modo de curiosidad, merece la pena destacar que se trata de un pueblo en el que viven más buitres que personas.
También desde Ayllón, aunque en la dirección contraria a la de Maderuelo, es posible acercarse al no demasiado lejano municipio de Madriguera, ya en una zona serrana, de la Sierra de Ayllón. Conocido como uno de los “pueblos rojos” por el color rojo de la piedra con la que están construidas la mayoría de las casas de la localidad (complementando así a los cercanos —aunque pertenecientes a Guadalajara— “pueblos negros”, de nuevo por el color de la pizarra que predomina en las construcciones), se trata de una muy buena oportunidad de prácticamente hacer un viaje al pasado, a una España de otra época. También es una excelente opción para, no solo familiarizarse con la vida rural, sino también, si se tiene suerte (yo la tuve), charlar con alguno de los —pocos— lugareños, quienes podrán transmitir como nadie la idiosincrasia que el pueblo tiene y la evolución que ha seguido a lo largo de los años.

Si se visita Riaza, una posible extensión del viaje desde allí puede ser el pueblo de Ríofrío de Riaza; también, como Madriguera, ubicado en una zona ya serrana (es, de hecho, el pueblo de la provincia de Segovia que cuenta con una mayor altitud sobre el nivel del mar y está muy cerca de la estación de esquí de La Pinilla), es un tranquilo pueblo en el que es placentero dar un paseo que nos lleve a conocer el principal patrimonio del pueblo: la Iglesia de San Miguel Arcángel, el Ayuntamiento y el Cementerio, ya situado a las afueras. Adicionalmente, muy cerca del pueblo se sitúa el magnífico Hayedo de Riofrío de Riaza.
Por último, a medio camino entre Ayllón y Riaza se sitúa un pequeño pueblo sin gran atractivo aparente —aunque su iglesia bien merece un vistazo y, si está abierta, una visita— pero que esconde un secreto muy bien guardado. Se trata del pueblo de Cascajares, y lo que prácticamente nadie de fuera del pueblo sabe es que se trata de un pueblo que es cuna y lugar de origen de varios cocineros de renombre; de hecho, nada menos que diecisiete cocineros de élite han salido de la localidad e incluso ha sido publicado el libro Cascajares, tierra de cocineros, a cargo del periodista Juan Yunquera.

Madrid, 23 de septiembre de 2025
Sergio Gonzalo
Asesor de viajes, escritor de viajes e investigador del viaje como actividad, como fenómeno y como disciplina
Promotor y autor del blog de viajes Innoviajando y de la web Literatura del Mundo.