
JAVIER J. SÁNCHEZ.- En Fontiveros encontramos varias ermitas, algunas de ellas erigidas por devoción e iniciativa particulares. La principal de estas, situada en la plaza de san Juan de la Cruz, es la de los santos Mártires Fabián y Sebastián, llamada simplemente de los Mártires. En 1541 se hallaba en todo su esplendor. El pueblo tenía especial predilección por esta ermita, que ha estado abierta al culto hasta tiempos modernos. Sus imágenes pasaron a la iglesia parroquial y en la actualidad tiene diversos usos, también religiosos.
Se ha perdido la memoria de las ermitas que aparecen en documentos de mediados del siglo XVI y que son denominadas como de la Cruz, que edificó Diego Negral, de Santa María, levantada por Mingo Vela; tampoco queda recuerdo de las de la Consolación, erigida por Luis Hontiveros, y de la Quinta Angustia, construida por Juan Gutiérrez Altamirano y Paulina Maldonado; se encontraba esta última al fin de la calle de Cardillejo. En 1543 existía también lade Santiuste.
El entorno donde se ubica la ermita de santa Ana fue un espacio de nobleza y religiosidad, como demuestran los edificios y vestigios que lo conforman. Y también los nombres propios ligados a ellos y que formaron parte de ambos estamentos. De entre todos estos monumentos, nuestra vista se recrea en el palacio de D. Jerónimo Gómez de Sandoval, en la conocida como Fuente dos y, de un modo especial, en la ermita.
Si arquitectónicamente es una joya, históricamente es uno de los emblemas de Fontiveros. A pesar de lo reducido del recinto, entre sus cuatro paredes late el espíritu de una Villa que en el s. XVII se encumbró gracias a las hazañas de uno de sus ilustres personajes: Diego Gómez de Sandoval.


D. Diego fue el patrón que propició la fábrica del Convento de Franciscanos Menores Descalzos de Cardillejo, recibiendo a cambio algunos privilegios como el poder retirarse en oración con los propios frailes y ser enterrado en dicho convento.
Martín Carramolino nos refiere los hechos que llevaron a bautizar esta ermita de santa Ana como “de la bandera”:
De glorioso recuerdo para Fontiveros, para la provincia de Ávila y para nuestra ilustre real armada, es la memoria religioso-patriótica que se conserva en la ermita de Santa Ana, llamada de la Bandera. Vivían constantemente en Fontiveros y en su casa-palacio, D. Diego Gómez de Sandoval y su esposa Dª María Palacios y Toledo. De su matrimonio nació en Madrid, sin duda por un viaje accidental que su madre hiciera a la corte, donde residían los padres de esta señora. Este dato lo atestiguan Fernández de Navarrete en su Biblioteca Marítima, Baena en su obra Hijos de Madrid y el vicealmirante Sr. D. Francisco de Paula Pavía en su Galería bibliográfica de marinos ilustres.
D. Jerónimo es el personaje de quien vamos a hablar, -prosigue Carramolino-,y no vacilamos en calificar de ilustre avilés por razón de su ascendencia, de su casa solariega, del señorío que gozaba de Fontiveros, y por todo lo que él mismo expresa en la fundación por medio de la cual perpetuó su memoria. Llámase a sí mismo tan ilustre marino, caballero de la órden de Santiago, del Consejo de Guerra de S.M.; y capitán principal de una compañía de las guardias viejas de Castilla, a cuyo cargo estaba en el año de 1641 la defensa de la ciudad y puerto de Gibraltar. Y como señor de la Villa de Fontiveros, de Malaguila y Pedrosa y en unión con su mujer Doña Mariana de la Cerda y Oscariz, estatuyó entre sus disposiciones mortuorias, “Que en honra de Dios y en conmemoración de la batalla que tuve con la armada de Francia en la salida del puerto de Cádiz, llevando a mi cargo la real armada de la guardia de las Indias, día de la gloriosa Magdalena, a 22 de julio del año pasado de 1641, al amanecer, en que Dios fue servido, que trayendo la armada de Francia treinta y seis bajeles, y después de haber peleado ambas armadas, quedándose mi capitana sola, estuvo peleando desde las tres horas de la tarde hasta las ocho horas y media de la noche, cercada de toda la armada contraria, y abordada de tres navíos de fuego, quemáronse los tres, y pegado fuego a mi capitana, con la divina ayuda, sin que la humana fuera bastante a librarme de tan fuertes contrarios y tan grave peligro, fue la voluntad de Dios Nuestro Señor darme fuerza para rebatir los tres navíos de fuego y librarme y a mi capitana de él, dejando a mis enemigos mal parados, echándoles los tres a pique, y habiéndoles quemado otros cinco navíos de fuego, sin que de la real armada de mi cargo, pereciese más que el galeón San Juan Evangelista, que iba al cargo del valeroso marqués de Cardeñosa (otro ilustre avilés) por cuyas gracias, que damos infinitas a Dios Nuestro Señor, queremos e instituimos y fundamos, etc.”

Tan célebre es el motivo del glorioso aniversario de la capilla de Santa Ana, como lo vamos a indicar. Mandan los fundadores que un estandarte francés que se recogió en la capitana española en esta batalla, con la insignia de Cristo crucificado, en que las balas hicieron mucho estrago, se ponga en su inmediata capilla de Santa Ana, “frontera (añade el glorioso Sandoval) de mi casa-palacio en dicha mi villa de Hontiveros, adonde esté tiempo estendido a mano derecha, que es el lado de la Epístola, y que cada año, para que se perpetúe en la memoria tan venturoso suceso, se reúnan en procesión el cura y beneficiados de la iglesia, y les acompañen con sus pendones y hachas las cinco cofradías (que cita) y la justicia y regimiento de la villa, y que un sacerdote lleve el estandarte, y se celebre gran función eclesiástica en la parroquia, en la que el predicador recuerde tan fausto acontecimiento, y que con la misma solemnidad se devuelva esta bandera a su capilla”. Tal es el tenor casi literal de eta fundación tan cristiana como patriótica y de tanta hondura para Fontiveros.Historia de Ávila. Martín Carramolino.

En 1808 las tropas napoleónicas rescataron la bandera y aprovecharon para incendiar la ermita y destruir toda su riqueza artística.
Aquí dejó Jerónimo Sandoval pendón quitado a naves enemigas corsarias en batalla victoriosa.Más archivos y fuentes inéditas. Cándido María Ajo.
En 1835, con la desamortización de Mendizábal, el edifico pasó a manos privadas.
La decisión del Ayuntamiento de recuperar para el pueblo este espacio, así como la minuciosa restauración llevaba a cabo en paramentos, cubierta y revestimientos, promovida por el Servicio de Planificación y Estudios de la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, nos permite disfrutar de este valioso monumento en toda su grandeza. Y nos obliga también a conservarlo en su esencia para que sea referente de un arte que dejó sus huellas en esta tierra de La Moraña. Los elementos arquitectónicos que realzan la ermita son la portada apuntada mudéjar y el ábside con un precioso parteluz.
Otra restauración, en su interior, llevada a cabo más recientemente por el Ayuntamiento de la localidad, ha desfigurado el carácter de la ermita al incorporar elementos que semejan trazas de neoclásico, pinturas decorativas nada apropiadas al lugar y zócalo y muebles que invitan más al esparcimiento que al recogimiento.
Coincidiendo con estas restauraciones, un ciudadano que permanece en el anonimato, cedió una imagen barroca de santa Ana, advocación de la ermita y que viene a ser el símbolo más idóneo de cuantos habitan en el lugar. En honor al sobrenombre de la ermita, convendría que en ella se expusiera un estandarte francés creado a imagen y semejanza de los que portaba la armada francesa en 1641, fecha del glorioso acontecimiento que justifica dicho apodo.