
MIGUEL ANGEL GUADILLA
La Calle Paraíso une la calle del Marqués del Duero con la hoy Avenida de Ramón y Cajal, pero antes era una de las calles que daba salida hacia el Prado de la Magdalena, cuando este era eso, un prado que los vallisoletanos utilizaban para dar sus paseos andando a caballo o en carruajes, función que desempeñó hasta casi fin del siglo XIX con la creación del Campo Grande, inaugurado en 1879.

El trazado de esta calle sigue el cauce del ramal del Esgueva que entonces pasaba por allí, como podemos ver en el plano de Ventura Seco de 1738. Vemos también como solo a un lado del Esgueva hay casas y al otro solo tapias de los corrales y huertas de las casas de la Calle de los Francos, hoy Juan Mambrilla.

La Esgueva marca la historia de esta calle, ya que a finales de los años 40, del siglo XIX, se acomete la obra para cubrir el lecho del río en el ramal norte desde la hoy calle Paraíso hasta su antigua desembocadura, construyendo muros de piedra con bóvedas de ladrillo, sobre las que nacieron nuevas calles y plazas, con el río por debajo. Una de ellas fue la Calle Paraíso.

A principios del siglo XX, se comprendió que esta no era una buena solución, ya que persistían los problemas de inundaciones y salubridad. Así, en 1908 se comienza la obra del encauzamiento con el trazado actual, canalizando el ramal sur hasta unirlo con el ramal norte antes de entrar en el Prado de la Magdalena, y llevarlo hasta la desembocadura que hoy conocemos.
El nombre de calle Paraíso fue puesto en sesión del Ayuntamiento de 10 de abril de 1863 y al parecer viene dado por un tipo de árbol llamado Paraíso, que en aquel entones había en uno de los jardines de las casas de la calle Juan Mambrilla.

Las casas de la calle eran molineras o como mucho de una planta, hasta que llegó «la modernidad» y comenzaron a construir edificios de alturas que nada tenían que ver con el entorno.

El primer edificio moderno fue el que hace esquina con la Calle Marqués del Duero, que corresponde a los números 1 y 3, realizado en 1945 y 1946. Allí estuvo la tienda de comestibles de Eliseo Criado y Confecciones Angulo. Hoy, desde hace años, está el Café de la Antigua.

El siguiente en antigüedad es el nº 8, local y edificio de los años 50 donde se instaló en 1959 el Diario Regional y posteriormente la empresa Gráficas Andrés Martín. Hoy alberga un hotel y una cafetería.
El resto de los edificios se construyeron casi todos en los años 60 y 70, desapareciendo las antiguas casas.

A la altura del número 2 se encuentra la entrada al Pasaje de los Alarcón, con su patio porticado y con unos cuantos bares en su interior.
Desde finales de los años 70 del siglo XX esta calle se convirtió en sinónimo de diversión, comida, tapas y vinos, siendo quizás la zona más concurrida por los jóvenes y menos jóvenes de la ciudad durante muchos años.

Todavía muchos recordarán en el número 4 la Taberna el Hidalgo con su barra de tapas, su restaurante y la parte de arriba con sus mesas de madera para los que buscaban algo más barato y comer bien. Las tapas del Taj Mahal, el Tucán, el Kansas con sus calamares, el Mesón Don Enrique, El Guevo, El Escudo, Las Piedras y tantos otros. Pocos continúan de los antiguos, pero otros ocupan su lugar.
Luego llegaron las chupiterías y dieron a la calle un nuevo ambiente .
Hoy, sin llegar a ser lo que fue, con sus bares, cervecerías, etc., sigue siendo una zona obligada de pinchos, cervezas, copas y reunión de amigos y familias.
Fuentes consultadas:
«Las Calles de Valladolid» de Juan Agapito Revilla, edición facsímil editada por Grupo Pinciano
Recuerdos propios
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